¿Saltas sobre Normandía?

 

Una aventura trepidante más allá de las líneas francesas ocupadas por los nazis, James Villalobos debe comenzar su periplo saltando sobre Normandía, formando parte del contingente que tomó aquellas playas el 5 de Junio de 1944. Trepidante, sin un instante para recobrar el aliento, acompáñale tras “El secreto de los Dedos de Aignes”.

DESCARGATE LA NOVELA A SOLO 1 EURO

PINCHA AQUÍ PARA LEER LA SINOPSIS Y EL PRIMER CAPÍTULO DE LA NOVELA

promo1

La costa se aproximaba hacia ellos lentamente, y cuando el piloto rojo situado sobre la escotilla del avión se iluminó, el sargento al mando ordenó a los soldados levantarse y enganchar el mecanismo de apertura automática de sus paracaídas al cable de seguridad. La comprobación rutinaria del paracaídas de cada compañero situado a su lado fue realizada de manera nerviosa pero eficiente, y a su término el silencio invadió aquel puñado de soldados que aguardaban en pie a que la deseada luz verde se iluminase.

            Entonces dio comienzo un infierno de vaivenes, turbulencias y destellos de munición antiaérea. Uno de los soldados situados en las primeras posiciones exclamó que los aviones habían perdido la formación y volaban desordenadamente. La velocidad del avión había aumentado de manera alarmante: no parecía el mejor escenario para que sus compañeros novatos efectuasen un salto exitoso; ni para él. Era evidente que los pilotos también se jugaban la vida al planear de aquella manera, arrojar la carga sobre un campo de batalla sembrado de baterías antiaéreas, y emprender el camino de regreso; así que parecía lógico que aumentasen la velocidad con el propósito de acceder al punto de lanzamiento lo antes posible sin recibir daño alguno. Un nuevo estremecimiento, seguido por el impacto de la munición de las baterías antiaéreas, confirmó la sospecha de James: aquel avión posiblemente no regresaría a casa.

            Por fin la luz verde se encendió, y en menos de cinco segundos los paracaidistas de la 101 se arrojaron al vacío sin dudarlo. Su sargento; un tipo de mirada franca y poco corpulento, saludó al teniente Smith antes de abandonar el C47.

            -¡Vamos! –Ordenó el teniente agitando los brazos- Es nuestro turno. ¡Adelante!

            James se arrojó al vacío y la adrenalina agudizó sus sentidos, acelerándole el corazón. A su alrededor el espectáculo era estremecedor: un millar de balas trazadoras iluminaban el firmamento y arrancaban chispas de las panzas de los C47, como si fuesen bestias de antaño acosadas por las flechas de los humanos. Cerca de él, un avión se estrelló contra una construcción de piedra, arrancando la vida a un buen puñado de soldados.

            Su mirada recorrió el cielo tratando de localizar a sus compañeros, pero la cantidad de paracaídas desplegados le impedía localizarlos. Un segundo después su máxima preocupación fue eludir un grupo de árboles al que se aproximaba a una velocidad peligrosa. Encogió las piernas, pero fue insuficiente para evitar el impacto de una de las ramas sobre su pierna derecha. Al momento el pequeño cauce de un riachuelo fue el próximo obstáculo a eludir, y aunque el aterrizaje le había situado a apenas dos metros de distancia, el paracaídas se hundió sobre el agua, arrastrándole empujado por la corriente del río. Extrajo su cuchillo de campaña para cortar las correas de manera urgente antes de ser arrastrado río abajo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s